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TRAS LOS MUROS DEL HOSPITAL DE LAS OBRAS SOCIALES: HISTORIA DE CARIDAD E INNOVACIÓN

Por: Leonardo López



Ecos del pasado Hospitalario: En el corazón de Santiago de Guatemala, entre callejones empedrados que susurraban secretos ancestrales, se alzaba el Hospital Real de Santiago. Sus muros, testigos mudos de siglos pasados, resguardaban historias de amor, pérdida y esperanza.

Era un lugar donde las manos expertas y los corazones compasivos se unían en una danza eterna para sanar las heridas del cuerpo y del alma. Bajo el cielo cambiante de los siglos XVII y XVIII, el hospital florecía como un jardín de curación, acogiendo a españoles, criollos, mestizos y a aquellos que buscaban refugio en sus abrazos hospitalarios.

Resistiendo Tormentas del Tiempo:  Construido con dedicación y amor, el hospital resistía los embates del tiempo, como una declaración de amor eterno a la humanidad doliente. A través de terremotos que sacudían la tierra y el alma misma, el hospital permanecía como un faro de esperanza en medio de la oscuridad.

En cada rincón se entretejían historias de heroísmo y sacrificio, de nombres como Juan Pascual, Joseph de Porres, y muchos otros que se convirtieron en guardianes de este santuario de la salud. A través de los vaivenes de la historia, el hospital persistía, alimentado por la generosidad de almas nobles y el compromiso de aquellos que dedicaron su vida a su servicio.

Resplandor de Innovación y Amor: El siglo XX vio al hospital transformarse en un oasis de innovación, donde la ciencia se unía al amor para curar y aliviar. Bajo la mirada benevolente del presidente Manuel Estrada Cabrera, el hospital se llenó de luz, donde las manos habilidosas realizaban milagros entre quirófanos y las nuevas tecnologías se convertían en aliadas de la esperanza.

Pero la historia siempre tiene altibajos. Los terremotos, caprichosos como el destino, sacudieron una vez más los cimientos del hospital. Sin embargo, de las ruinas emergió una nueva promesa, un nuevo capítulo en la historia de amor del hospital.

Renacimiento de Pasión Restauradora: Fue Fray Guillermo Bonilla quien, con su visión y pasión, convirtió el antiguo edificio en un refugio para convalecientes. Sus manos trabajaron como las de un enamorado restaurando cada piedra, cada rincón, convirtiendo el pasado en un presente lleno de esperanza y renacimiento.

En el umbral del siglo XXI, el hospital se funda como un monumento a la persistencia del amor y la dedicación. Con quirófanos bautizados con el nombre de Rodrigo Méndez, un niño cuya ilusión desató una ola de generosidad, el hospital se transforma una vez más, adaptándose al presente sin olvidar su pasado glorioso.

Y así, en el resplandor del año 2022, el hospital abre sus puertas a nuevas áreas, fusionando la historia con la modernidad. Cada piedra restaurada, cada ala moderna, es un testimonio de amor, recordando a todos que su propósito primordial nunca ha cambiado: servir a la comunidad con un corazón rebosante de amor y dedicación.

Persistencia en la Renovación: La Asociación Amigos Pro Obras Sociales ha sido el hilo invisible que ha tejido el tapiz de esta historia, una melodía suave que ha acompañado cada capítulo de esta epopeya hospitalaria. Su apoyo ha sido la brisa que ha acariciado los rostros cansados, guiando al hospital hacia un futuro donde la compasión y la excelencia médica bailan un eterno vals de amor.

Con estos trabajos concluidos, se ha podido dar vida a un nuevo capítulo en la historia del Hospital Pedro de Bethancourt. Nueve quirófanos, con el respaldo de áreas técnicas y espacios de recuperación, han cobrado vida, equipados para atender a aquellos que buscan sanar sus dolencias. Este proyecto se alza como un faro de esperanza, prometiendo no menos de diez mil cirugías anuales para nuestros compatriotas guatemaltecos y brindando la oportunidad de recibir a más grupos de médicos voluntarios.

El Hospital Pedro de Bethancourt, con su legado impreso en cada ladrillo y cada acto de bondad, persiste como un faro de esperanza en medio del caminar de la vida. Una historia de amor eterno, donde la nobleza del espíritu humano y el poder redentor de la solidaridad se abrazan en un abanico de luz eterna.

En este mismo instante, nuestras manos no descansan; Estamos inmersos en el siguiente capítulo del Hospital. La construcción de una planta de tratamiento, una obra destinada a resolver el desafío ambiental generado por las aguas residuales del hospital es nuestra próxima meta. Paralelamente, nuestros esfuerzos se orientan hacia la ampliación de la atención médica en otras áreas, buscando extender nuestra ayuda a más corazones necesitados en Guatemala.

Agradecemos profundamente cada gesto, cada apoyo, cada mirada que se ha posado en nuestra labor. Pedimos a Dios que recompense su generosidad, pues cada contribución es un rayo de luz en la oscuridad, una mano tendida que transforma vidas y un acto de amor que reverbera por toda Guatemala."

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